Vaporización de lo histórico
Crítica estética a la muda percepción

 

por Macarena Roca 

 



Frente a la pictórica de Pamela Martínez Rod, es necesario dejar ideas preconcebidas e interrogar a las propias imágenes. Ciudad transparente, en cuanto soporte óptico, contiene las huellas que ocultan una historia en tránsito: la fatídica sobremodernidad y la aparejada disolución de lo real. Los dispositivos de apertura de la obra - el trabajo del color, la formalización de la pincelada, la disposición estructural de los fragmentos – nos materializan un acto de sublimación en el que la pintura reclama un tiempo de espera y de revelación. En ésta la autora nos explicita la velocidad con que es vivida la cotidianeidad, entrañando en sus imágenes la incertidumbre y el riesgo permanente.


La velocidad cobra forma en la obra de Martínez no sobre objetos realistas,  sino sobre abstracciones. Pero…¿a dónde nos moviliza este proyecto? No estamos frente a un neofuturismo en el que la artista imprime en sus represtaciones la innegabilidad del tiempo, ya que vivimos en un momento en que la rapidez no está en duda. La velocidad aquí impresa está configurada sobre la percepción, es decir, no sobre el objeto observado, sino sobre el mismo sistema perceptivo. En otros términos, se instala en ella el cuestionamiento sobre los principios epistemológicos con los que decodificamos la realidad.


La obra de Martínez presenta intertextualidades con el pensamiento crítico de la actualidad: la evanescencia de Paul Virilio, el no-lugar de Marc Auge.  Existe una lectura subrepticia en sus obras que sólo un observador lúcido atenderá, ya que el sistema de coordenadas establecido por la pintora permite, a ese receptor atento, mirar el universo que lo rodea. En su totalidad, las obras de Martínez escriben un solo texto: el discurso del caos y soledad propio de un mundo que ya no se ancla en un tiempo histórico, sino que navega en el cronovirtualismo de lo inmediato. El tiempo real ha fenecido y en su lugar se ha montado un espectáculo de instantaneidad que evidencia un tiempo experimentado como pura unicidad.


Ciudad transparente es un acontecimiento. Algo deviene en ella y ocurre en el observador. Éste, en el tiempo de la percepción, radicaliza la saturación del mundo actual y la desaparición de sus contornos y límites. La pintora nos entrega una gran metáfora visual de cómo el sujeto percibe el fenómeno de la velocidad. No hay distorsión de cuerpos explicitados en la obra; es, como diría Pierre Sorlin, una imagen sintética de las problemáticas actuales que todo el arte contemporáneo reflexiona. En la abstracción de sus imágenes asistimos a una sobrepoblación de marcas, signos, presencias geométricas que se configuran como pura multitud. Nada hay reconocible, nada hay figurado. Sólo la percepción de lo lleno y de lo rápido; fantasmagorías inhumanas que pueblan un territorio virtual. Aun cuando sus pinturas enuncian una disolución delirante, los campos cromáticos contienen al observador en un ánimo amable y juguetón. Martínez logra apaciguarlo, incluso cuando sus obras evidencian la absoluta evanescencia de la realidad como resultado del veloz  espectáculo que nos contiene.
Esta obra resignifica la pintura como acto político de divergencia. Ciudad transparente concita a la reflexión sobre la crisis de la desaparición, motiva a pensar sobre lo modos en que se conoce y produce realidad. Sabemos que la mirada en el arte nunca es libre y despreocupada, sino una construcción cultural que formaliza la significación de lo observado. La artista imprime un discurso sobre la lectura que ha realizado en el entorno, y su lectura atestigua la amenaza de disolución, la perdida de corporeidad, la expansión de la información, y el control de las hipercomunicaciones; aspectos que han modificado el vínculo social entre los individuos.



Macarena Roca Leiva
Profesora de Literatura
Universidad Adolfo Ibáñez, Chile